Taller de Cineterapia

Película: “Las Horas” de Stephen Daldry

Ciclo: Neurosis

Tema: Trastorno Bipolar y Depresión

Texto original: Hermoione Lee

Adaptación: Oscar Prettel, Georgina Obispo y Yolanda Sassoon

Virginia Woolf nació en Londres (1882), sus padres fueron Leslie y Julia Stephen. Su madre provenía de una familia anglo-india. Vivió en una provincia de Inglaterra en los años veintes, en una sociedad aún muy restringida para las mujeres.

Escribía como una catarsis cuando se encontraba en su fase maníaca, su esposo Leonard decía:

Nunca he conocido a nadie que trabaje de forma más intensa, infatigable y concentrada. Esto era particularmente cierto cuando estaba escribiendo una novela. La novela se convertía en parte de Virginia y su obra la absorbía por completo”.

Su existencia se volcó al arte, aun sus crisis las vivió y entendió desde su obra:

“Como experiencia, la locura es aterradora, no se la debe husmear; y es una lava, en la cual aún encuentro la mayoría de las cosas acerca de las que escribo. Arroja fuera de uno todo elaborado, final, no como simples gotitas como cuando se está cuerda”.

Su vida es una gran historia de coraje y estoicismo. El 16 de abril de 1934 su hermana Vanesa le sugirió que empezara a escribir sus memorias, antes de que “fuera demasiado vieja”. Al inicio “no sabía por donde comenzar, con tantos recuerdos de cosas vividas y varios momentos violentos de existencia”…

Las mujeres de su familia eran famosas por su belleza y Virginia heredó algo de eso. Su padre, que luego fue Sir Leslie Stephen, era un autor y editor eminente. Editó 26 volúmenes del Diccionario de Biología Nacional, estaba en el establecimiento literario inglés.

Tanto su padre como su madre estaban casados segundas nupcias. Los dos eran viudos. Eran mucho más grandes que el grupo de niños, que comenzaba con Vanesa, luego estaba Thoby, Virginia y Adrian. Sus padres, como ella misma decía, podrían haber sus abuelos.

Su madre Julia tenía dos hijos de su matrimonio anterior George y Gerald Duckworth. Uno de ellos se hizo conocido porque mas adelante Virginia Woolf escribió unas memorias en las que sugería que George Duckworth había abusado sexualmente cuando era una niña.

Psicoanalistas y biógrafos de Woolf han escrito que sus hermanastros Gerald y George Duckworth abusaron sexualmente de ella durante su infancia y adolescencia y que esos abusos, cuyas circunstancias exactas no se conocen bien, están en el origen del problema psicológico que sufrió Virginia Woolf. Un trastorno bipolar. Virginia solo aludió a estas experiencias en forma velada, de acuerdo con la rígida moral de la época victoriana. Su biógrafa Hermione Lee escribió que:

Las pruebas son suficientes, pero también lo suficientemente ambiguas como para allanar el camino a interpretaciones psicobiográficas contradictorias, que presentan imágenes completamente diferentes de las vida interior de Virginia Woolf”.

Obviamente, tenía una interferencia sexual muy traumática, y hay quienes opinan y sugieren que su vida está dominada por el abuso sexual de su niñez. Otros opinan que no ven que su vida sea la vida de una víctima.

Creció en una casa muy victoriana a pesar de haber nacido en 1882, casi al final del siglo. Hasta la muerte de su padre, vivió en condiciones y estilo bastante victorianos que le disgustaban.

Por naturaleza, tanto Vanesa como yo éramos exploradoras, revolucionarias y reformistas. Pero nuestro entorno pensaba como 50 años atrás. Mi papá era un típico victoriano”.

Todos los argumentos políticos de Virginia Woolf relacionados con el trato injusto de las mujeres en la sociedad británica de principios del siglo XX, se basaban en que ella no había ido a la escuela ni a la universidad. Estaba muy resentida por haber sido autodidacta, y no haber accedido a la misma educación que sus hermanos.

“¿Era yo inteligente, estúpida, linda, desagradable, apasionada, fría? Como nunca fui a la escuela, nunca competí con niños de mi edad, ni pude comparar mis virtudes y mis defectos con los de otra gente.”

Virginia era muy unida con su hermana porque cuando sus dos hermanos se fueron a la escuela, ellas se quedaron en casa. Su hermana Vanesa, más tarde quiso ser pintora y Virginia, quizá por querer seguir también un camino, quiso ser escritora.

Comenzó a escribir cuando tenía alrededor de tres años y escribió sin parar durante toda su vida desde que pudo tomar un lápiz, hasta el día que se suicidó en el río.

También fue una gran artista y uno de los grandes genios de la familia, ambas hijas resultaron ser artistas importantes.

Su madre murió cuando Virginia tenía 13 años. Esto fue una verdadera catástrofe en su vida.

“Nos habían mandado a la guardería infantil después de su muerte y llorábamos. Aún conservo la imagen de esa mañana temprana”

La primera vez que Virginia Woolf presentó síntomas de inicio de una enfermedad mental, fue casi inmediatamente después de la muerte de su madre, alrededor de los 13 años.

“El momento del charco en el camino, en el que sin razón pude descubrir que de pronto todo se volvió irreal, me quedé suspendida y endurecida, no pude cruzar el charco. Quería tocar algo. Todo era irreal”.

De inmediato, su media hermana, con quién era muy unida, Stella, murió y luego su padre. Es como una sucesión asombrosa de golpes emocionales.

Virginia Woolf tuvo ataques epilépticos serios y debilitantes que fueron deteriorando su salud mental durante toda su vida. Le venían en momentos de mucha tensión, no se podía levantar de la cama, trabajar o cuidarse a sí misma, escuchaba voces y tenía visiones, (Alastair Upton, Director de  Charleston, Trust). Esas voces eran masculinas, le decían que ella no valía nada y que era terrible.

Alternaba entre periodos de euforia, exaltación y gran júbilo con profunda  melancolía y tristeza. Sufría de insomnio, cefalea crónica y dolores agudos en todo el cuerpo, que llegaban a incapacitarla varios días.

Las crisis estuvieron presentes toda su vida. En la mayoría de éstas, el ánimo predominante era depresivo: lentitud del pensamiento e ideación, pesimismo, desesperanza, ideas recurrentes de suicidio, horror a la soledad e hipersensibilidad extrema hacia la gente, sentimiento crónico de desamparo, imposibilidad de concentrarse en la lectura y escritura, al respecto, ella misma decía:

“Mi mente se anudó. Perdí del apetito y el sueño; aquellas interminables noches que no se acababan a las doce, sino que siguen en números dobles: trece, catorce hasta que lleguen a los veinte…, no hay nada para evitar que sean así si deciden serlo. Te hundes en el pozo y no hay nada que te proteja contra el asalto de la verdad. Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy…”

El hecho es que su locura estaba en sus premisas, en sus creencias. Creía, por ejemplo, que no estaba enferma, que sus síntomas se debían exclusivamente a sus faltas. En 1904 escuchó que los pájaros cantaban en griego, que la urgían a hacer locuras y vio al rey Eduardo VII espiando entre las azaleas, usando el lenguaje más procaz del mundo. En 1924 escribe:

“He tenido algunas visiones curiosas en este cuarto también, mientras yacía en cama, loca, y viendo la luz del sol estremeciéndose como agua dorada, en la muralla. He escuchado aquí las voces de los muertos”.

El cuadro de Virginia Woolf corresponde a un trastorno bipolar, pero no es seguro que sus episodios maníacos, aunque perturbaban significativamente a su entorno, llegaran al límite de la excitación extrema -quizás sólo en la segunda mitad de 1915. Además, la presencia de estados mixtos -hipomanías disfóricas y depresiones agitadas de Kraepelin-, junto a psicosis breves con ánimo parcialmente congruente complica su diagnóstico.

La mayor parte del tiempo estaba casi sedada, no obstante, se resistía a tomar medicamento, y por eso, su tendencia a empeorar.

Se pasó toda la vida tratando de aceptar la muerte de sus padres, tratando de probar demostrar que ella valía.

Hay una escena en una novela de Virginia Woolf  llamada Mrs. Dalloway, donde la Sra. Dalloway adulta se imagina a sí misma llevando su vida en los brazos, como si fuera un bebé, caminando hacia sus padres que estaban muertos en la novela, poniéndola frente a ellos, y diciendo: “ésta es mi vida, esto es lo que hice de ella”.

Siempre se ha creído que este pasaje es biográfico y que esto es lo que Virginia hacia cuando escribía: les demostraba a sus padres muertos que ella valía.

En 1904, la familia Stephen, Vanesa, Virginia Thoby y Adrian, se mudaron de la casa victoriana en Hyde Park Gate a Bloomsbury, que en ese entonces no era un buen lugar para vivir.

Se establecieron allí, invitaron a sus amigos y se convirtió en un sitio de reunión de artistas, escritores e intelectuales.

“Estábamos llenos de experimentos y reformas. Íbamos a pintar, a escribir, a tomar café después de la cena, en lugar del té de las 7:00 P.M. Todo iba a ser nuevo, todo iba a ser distinto, todo estaba a prueba.”

El hermano mayor de Virginia se llamaba Thoby Stephen. Es un personaje crucial en la historia de Virginia Woolf y de Bloomsbury porque, cuando el se fue a Cambridge, comenzó a tener “invitados” en su casa de Gordon Square 46 en Bloomsbury. Invitaba a sus amigos de Cambridge a esos eventos.

El grupo de Bloomsbury fue un grupo de amigos, compuestos por Thoby y sus amigos, serios jóvenes filósofos y literarios de Cambridge, que eran en su mayoría homosexuales o bisexuales: Lytton Strachey, Duncan, Grant, entre otros.

Se sentaban a hablar sobre la naturaleza del “bien”. Sabían que los victorianos habían prestado mucha atención a la vida pública. Y estos amigos querían que este tipo de investigación fuera sobre la vida personal, la vida privada. Basados en que, sólo si había honestidad intelectual cerca, uno podría lograrlo en el ámbito público. Y la búsqueda de la verdad, las convenciones, donde eran meras convenciones, si debían ser ignoradas, rotas o desafiadas.

Si alguien se aparta de alguna convención hoy en día, la gente apenas reacciona. Pero en la época de Vanessa y Virginia, uno podría ser condenado simplemente porque la falda fuera un centímetro más corta de lo debido.

En este contexto ideológico, todos ellos fueron muy audaces. El grupo de Bloombury era bastante era bastante omni-sexual. Todos tenían relaciones con todos. Mucha gente los repudiaba y los consideraba que excluían, que era un grupo selectivo, elitista, lascivo y amoral.

La familia Stephen se fue de vacaciones a Grecia en el verano de 1906 y, mientras estuvieron fuera, tanto Thoby como Vanessa, se enfermaron. Thoby volvió a Londres poco antes que el resto de la familia. Creyeron que se estaba recuperando, pero repentinamente murió de fiebre tifoidea.

Su muerte tuvo un efecto impactante en estos hermanos, porque de repente se unieron mucho más. Virginia, Vanessa y Adrian, que estaban completamente desolados con su muerte.

La reacción de Vanessa fue casarse con uno de los mejores amigos de Thoby. Era como un reemplazo inconsciente. Por consiguiente, Virginia vivió nuevamente dos pérdidas: la de su hermano Thoby -fallecido-, y la de su hermana Vanesa  –recién casada-, casi al mismo tiempo.

Virginia respondió con profunda consternación y conmoción. Sus crisis nerviosas y convulsivas empeoraron. Se sumergió en una profunda depresión. Sus alucinaciones también empeoraron.

En 1912, Virginia Stephen se casó con Leonard Woolf, su matrimonio duró por el resto de su vida y fue muy bueno a pesar de haber comenzado en un estado de desolación total por parte de Virginia. De hecho, recién casada se enfermó gravemente; la enfermedad surgió por la demanda adaptativa a la situación nueva. Por el impacto de tener que aceptar que ella era un ser sexual, una compañera sexual y afectiva.

Parece ser que no tenían una vida sexual “normal”, si así se puede llamar. Sus encuentros íntimos eran poco frecuentes. Durante tres años Virginia entraba y salía de su reclusión de convalecencia, la atendían enfermeras, e intentó suicidarse en dos ocasiones. Le administraban fuertes drogas sedantes y le hacían curas de sueño que estaban muy de moda en ese momento. La ponían en un cuarto obscuro y la hacían comer grasa animal y tomar mucha leche caliente. La dejaban en la oscuridad y no le permitían hablar con nadie, leer ni escribir.

Virginia tuvo un colapso mental, lo que hoy en día conocemos como brote psicótico, alrededor de cuatro veces (episodios) en su vida. Sufría una total transformación de su personalidad. Su vida psíquica se desintegraba sin lograrse contener por ninguno de los remedios empleados. Nigel Nicolson, hijo de Vita Sackville-West comentó:

“Insultaba, gritaba y era cruel con la gente que más amaba, como con su esposo Leonard Woolf. Escupía a todas las personas que se le acercaban. Creía que Eduardo VII quería ir a cenar con ella, cuando hacía veinte años que ya estaba muerto”.

Virginia presentaba episodios de manía con exacerbación de síntomas eufóricos, en los que hablaba y escribía varios días seguidos sin descansar. Y luego, gradualmente, estos síntomas remitían extraordinariamente.

Virginia escribió en una carta de su diario:

“Es muy divertido estar loco, tienes las ideas más maravillosas. Es mucho mejor que cuando estas cuerdo”.

Pero lo que sucedía no era gracioso para ella ni para nadie. Como escritora era muy buena para describir la inestabilidad de la mente humana, la forma como ésta se desempeña, como comprende unas cosas y deja de lado otras.

“Comienzo a odiar mi especie, sobre todo al mirar las caras en la televisión. En realidad me da más placer mirar carne roja cruda o arenque”.

Leonard creía que era la tensión de la vida moderna era la culpable de las recaídas constantes de Virginia, por lo que decidió mudarse a Richmond, a Hogarth House, donde pensaba que tendría menos posibilidades de que la sociedad la sobreexcitara.

Virginia publicó su primera novela en 1915, a los 33 años, y fue porque había trabajado mucho en ella; entre los 20 y los 30 años, la época de sus enfermedades mentales. Escribir esa novela le había resultado muy difícil. Esta novela se llama “The Voyage Out”, trata de su niñez, de la pérdida de su madre y de cuando se hizo adulta.

Mientras que Virginia trataba de escribir su primera novela, su hermana entró en una época radical de pintora, suprimía detalles y la representación. Comenzó pintando retratos de gente cuyos rostros quedaban en blanco. Era un método de representación bastante audaz, porque estos retratos representaban la personalidad y el carácter.

Virginia se sentía intrigada y comenzó a preguntarse si eso mismo podía suceder en la literatura. Trataba de describir las relaciones entre la gente. No en la manera como se hablaban o se comportaban unos con otros, sino en lo que no se decían, lo que había en sus mentes. Era el método que se conocía como “el fluir de la conciencia”, el leguaje del cuerpo sin el cuerpo.

“El día después de mi cumpleaños, tengo 38 años y soy más feliz hoy que ayer; esta tarde pensé en escribir un tipo nuevo de novela, creo que el enfoque será distinto esta vez. Sin estructuras, casi sin ladrillos visibles, todo crepuscular, pero el corazón, la pasión, el humor, brillarán como el fuego en la neblina”.

Los Woolf fundaron su propia imprenta y editorial llamada Hogarth Press en 1946 cuando estaban en Richmond. El sótano de la casa era la imprenta. Esto fue muy importante para Virginia porque le permitió publicar su primera obra. También pudo publicar pequeños libros, bosquejos e historias. Cosas como “Kew Gardens” y “The Mark On The Wall”, con sus hermosas portadas diseñadas por Vanessa. Esto la liberó de ser escritora experimental.

Desde 1949, los Woolf vivieron tanto en Sussex, como en Londres. Virginia escribía casi siempre en el cobertizo que ella llamaba “mi casita”. Muchas veces escribía de pie, le hicieron una mesa especial para estar parada.

El paisaje de Sussex era muy importante para Virginia, le gustaba caminar todo el tiempo como a su padre. Caminaba por las colinas con su sombrero viejo gritando el párrafo siguiente de la novela, porque solía decirlo fuerte para obtener el ritmo de las oraciones.

No tenía hijos propios, por lo que adoptaba por momentos a los niños de otras gentes: a sus sobrinos y los hijos de Vita.

“Todos nos poníamos muy contentos porque ella era muy alegre y llena de vida”. (Olivier Bell, sobrina de Virginia Woolf)

Se sentaba con los niños alrededor y les hacía preguntas como:

“¿Qué te despertó esta mañana?, ¿el sol?, ¿qué tipo de sol era?, ¿un sol amable o enojado?”

Y le fascinaba como los niños lo adornaban con sus detalles ingenuos. También le encantaba observar a las personas que invitaba a tomar el té, la descripción de su vida cotidiana. Esta curiosidad intensa la hizo una gran novelista.

La persona más cercana y querida era su hermana Vanessa y después la escritora Vita Sackville-West, de hecho, durante una época fueron amantes. A Virginia le gustaban las mujeres a pesar de estar muy involucrada en su matrimonio. Su matrimonio dejó lugar para involucrarse en relaciones muy intensas y eróticas con otras mujeres.

Su obra, incluía un cuerpo formidable de trabajos feministas sobre la condición intelectual de las mujeres y sus relaciones entre sí.

En Cambridge se burla de la institución que no le permitió, por ser mujer, entrar en la biblioteca de una universidad a la que su padre había donado muchos manuscritos.

“Nuevamente entramos en el campo de ese complejo masculino interesante y oscuro, que ha influido tanto en el movimiento de las mujeres”

Este incidente le reforzó la idea, no solo de que no debía ser inferior, sino incluso superior a los hombres. Ella misma se preguntaba:

“¿Por qué se le da más importancia a los libros sobre la guerra, el gobierno o el futbol, en contraposición a las historias sobre las mujeres que compran flores o preparan una comida?”

En 1938 publicó un libro mucho más incendiario y controversial, se llamó “Three Guineas”, donde hacía una franca acusación al fascismo y la guerra, desde su perspectiva feminista.

En 1934, viaja de vacaciones con su esposo Leonard a Alemania, no obstante estar ambos muy preocupados por la invasión alemana, sabiendo que serían apresados por sus críticas políticas y porque Leonard era judío. Sabia que estaban en la lista negra de Hitler, habían hecho planes suicidas en caso de invasión.

Durante la guerra, Virginia se sentía inútil; creía que el papel del escritor y el novelista era algo que ya no tenía mayor sentido. Cuando la guerra comenzó, fueron constantemente bombardeados por los aviones alemanes. La experiencia de sentirse bajo presión constante, la tensión y el horror de la guerra, la acercaban cada día más a la decisión de suicidarse.

Las cuestiones básicas existenciales, como la soledad, el desamparo, la muerte, el vacío, la responsabilidad, la elección y la libertad, se hicieron presentes en sus últimos trabajos.

Virginia no dormía, no comía y estaba al borde de tener alucinaciones. En este contexto, tomó la valiente y racional determinación de poner fin a su vida, porque sentía que se precipitaba de un oscuro abismo del cual, ésta vez ya no saldría. Pensó:

“Estoy perdiendo mi ingenio, mi cordura, y ya no puedo mantenerlo. Me convertiré en una carga para Leonard. No puedo seguir, no puedo calmar esta desesperación y esta desolación”.

Finalmente, el 28 de marzo de 1941, se percata del advenimiento de su derrumbe psicológico, y en pleno uso de sus facultades decide terminar con su vida de manera definitiva. Tomó la elección más valiente de toda su vida y se ahogó en el Río Ouse, en Rodemell. Fue una muerte cruel, auto forzada, porque sabía nadar muy bien. Tenía puesto un abrigo pesado y se puso piedras más pesadas en los bolsillos para evitar que su instinto de supervivencia la retractara en el último momento. Se forzó a morir en el agua fría del río.

Tras su muerte, proliferó un trabajo enorme y maravilloso de edición póstuma de sus obras; ensayos, cartas y su diario en suntuosas presentaciones. Esto le generó una imagen más prolífica, enérgica y fuerte de lo que se le veía antes de su muerte. Sus trabajos eran experimentales y presentaban nuevos métodos y formas diferentes de escribir novelas. Pero su diario y sus cartas siguen siendo lo más valioso por su textura y riqueza de observación.

Influida por la filosofía existencial de Henri Bergson, su obra literaria se esfuerza por captar la vida cambiante e inasible de la conciencia humana. Virginia experimentó con especial interés el tiempo narrativo, tanto en su aspecto individual (mediante el flujo de variaciones en la conciencia del personaje), como en relación al tiempo histórico y colectivo.

“¿Qué forma me gustaría dar a mi diario?, algo inconexo pero no descuidado, algo tan elástico que abarque todo lo solemne, ligero y hermoso que nos pasa por la mente.

Me gustaría que se pareciera a un escritor profundo, viejo, o amplio, en el que uno arroja muchas cosas sin importancia, y sin prestarles gran atención. Me gustaría, después de un año o dos, encontrar que esa colección se clasificó, se refinó y se fusionó, como lo hacen esas partículas misteriosas en un molde tan transparente que refleja la luz de nuestra vida, y aún las muestras tranquilas con la actitud distante de una obra de arte.

Escriban muchas cartas a su familia y amigos. Tengan un diario y no dejen un día sin registrarlo, halla pasado algo interesante o no. Algo maravilloso, de todas formas, sucede cada día…”

Texto original: Hermoione Lee

Adaptación: Oscar Prettel, Georgina Obispo y Yolanda Sassoon

 

Anuncios